Las mejoras en movilidad sostenible han generado estudios que demuestran la evidente contaminación de los vehículos de combustión. El punto de mira, en la actualidad, es el diésel.

La contaminación del diésel es un problema que ya preocupa a gobiernos, asociaciones y ciudadanos. Una apuesta por la movilidad sostenible, eliminando los coches más contaminantes e introduciendo el coche eléctrico, supondría un ahorro de más de 500 millones en el 2030 en costes derivados de la contaminación del aire provocada por el transporte en carretera.

Datos reales, efectos reales

La Iniciativa sobre Emisiones Urbanas Reales (TRUE), basándose en datos de 2016, estima que el coste actual de la polución causada por el transporte de carretera en España es de 4.836 millones de euros (con ajustes que cuantifican los niveles reales de contaminación).

De los dos principales vehículos tradicionales que hay en el mercado, queda en evidencia que el coche diésel es mucho más contaminante. Este derivado del petróleo es el culpable del 80% de los costes antes mencionados. Y, dentro de este porcentaje, hay que centrarse más en los vehículos de diésel más antiguos, aquellos que no están regulados bajo las últimas normativas europeas o no cuentan con distintivo ambiental.

¿La solución más inmediata? Retirar este modelo de transporte, al menos los más antiguos, e implantar nuevas medidas de movilidad sostenible. Los expertos han determinado que esta respuesta reduciría a la mitad los gastos relacionados con la polución generada.

La contaminación del diésel, al tablero de juego

Hay una serie de medidas, normativas y directrices que ya se están siguiendo para acabar con esta contaminación excesiva. Te las contamos a continuación.

    • La primera es una solución clara: acabar con los coches más contaminantes. España ha propuesto hace poco un borrador de ley: prohibir la venta y matriculación de vehículos de combustión en 2040.
    • Impulsar un modelo de transporte en carretera más eficiente y limpio: el coche eléctrico. Ya hay empresas que están apostando por esta tecnología, sobre todo para dar una solución a la cuestionable recarga de sus baterías.
    • Restringir el acceso al centro de las ciudades, en mayor medida cuando se produzca un episodio de contaminación. El cierre de Madrid Central o la nueva normativa de algunas ciudades españolas limitan el paso de vehículos que no son ECO o CERO al centro de su urbe cuando se detecten altos grados de polución.
    • Garantías desde la Unión Europea. Una ley en la que todos los países miembros esté de acuerdo garantiza aún más esta mejora medioambiental. La UE ha pactado que la reducción del CO2 de los coches sea de un 35%, lo que propicia la desaparición de la combustión y la adopción de otras formas menos contaminantes de moverse.
    • Apoyar a la movilidad sostenible, en general: más carriles para bicis, más alternativas para moverse por el centro (como el patinete eléctrico) o una inversión mayor en el transporte público.

Resultados a corto y largo plazo

Como ya hemos comentado, la medida más efectiva a corto plazo sería acabar con los coches de diésel más antiguos. Un tercer informe, este de la EPHA (Alianza Europea para la Salud Pública) informa de que “prescindiendo de los vehículos más viejos y logrando la penetración de los coches eléctricos para 2030, se acabaría con un 48% de los gastos relacionados con la polución del transporte”.

Aunque este resultado se calcule en diez años, lo que ganamos todos sería para el largo plazo. Una menor contaminación también contribuye a mejorar la calidad de vida de las personas, además de reducir afecciones respiratorias o cardiovasculares.

Un aire más limpio ahorra dinero, asegura nuestra salud y mejora la calidad de vida.

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